sábado, 8 de diciembre de 2012

Un poema dedicado a mi madre; ayer cumplió dos meses de muerta.

Mi mamá hace algunos años en casa de mi hermano Sergio;
disfrutando del cumpleaños de su nieta Ana Sofía



PÁJAROS


A Monchi Gámez (1940-2012);
mi madre                                                                               



Ahora tendré que ser, madre
el pájaro que habitará el árbol de la tristeza del mundo

Volaré hasta él
Luna sin luz
Ojo sin ojo

Porque así es el mundo:

Árbol sin camino atiborrado de pájaros


Me atendré a los hechos
A la penitencia
Al conjuro

Debo pagar mis culpas y también las tuyas, madre:

Un manto dorado de niñas sin refugio
Un sol sin tempestad
Una tardanza de vuelos


Mamá, papá y yo:
¡Los tres siempre juntos!

Pero ahora él también tomará su rumbo
y yo me quedaré en el duelo del vuelo sin tardanza

de tener que convertirme en pájaro


Pero madre, mira,
ahora río
y ya no tengo miedo a los demonios de la noche

Aunque te hayas ido
duermes conmigo y me acoges con tus brazos de estrella

Poco a poco
Lerdo nace un pájaro

Pero  yo ya tenía otro dolor antes de tu partida
Un dolor blanco y puro

Un dolor jamás igual a aquellos otros dolores
tan manchados

en la podredumbre del odio
de las rosas enfermas
que me llagaban el alma


Sí, madre
Ahora y desde antes de tu partida
padezco una tristeza

Como una punzada blanca
Como un dolor de rosas blancas
que se marchitan

¡Qué extraño dolor, madre!

Y no sé cómo pararlo

Veo cabizbaja el suelo, la tierra y el camino:

La ida desventurada de tener que convertirme en pájaro

¡Pájaro!

No más araña
Ni iguana
Ni garrapata de amor

Porque ahora las garrapatas me comerán el corazón
como a los despojos de una oruga

La oruga se irá al centro de la Tierra
Porque yo ya no tendré toda la oreja de la fauna del mundo
Ni las cosquillas de la mariposa:

Ahora sólo seré un pájaro


Claudia Isabel Quiñónez
7 de diciembre del 2012
Culiacán, Sinaloa

viernes, 30 de noviembre de 2012

UN POEMA DE LA POETA SINALOENSE SELENE ORTEGA





FIERA MANSA

                                                                                                                      En memoria de Álvaro Rendón


Qué huidizo se ha vuelto él
que ahora es ausente,
los recuerdos que vivo de él
se esconden para retornar en una estampida
de palabras, ojos y sonrisas de ayeres.


Silencio de un minuto
por la noticia que ya no es vida.
Silencio hondo, triturante y ventajista.
Silencio impuesto al hombre que estuvo en él
y que fue más que grande:
fue hombre, maestro y sabio.

Extinta fiera mansa por la doble cara del silencio.





Selene Ortega

2 de mayo de 2011
http://seleneortega.blogspot.mx/

jueves, 22 de noviembre de 2012

Esta canción me hizo llorar


Les recomiendo esta canción de cuna.

Canción en Idish con un trabajo de animación espectacular que lamentablemente no sabemos quién lo hizo... espectacular video que envuelve lo que es la cultura judía

Aquí el enlace al video. Denle click

http://t.co/HecXfwZe CANCIÓN DE CUNA

viernes, 2 de noviembre de 2012

Foto de la ofrenda de día de muertos para mi mamá y mis demás muertitos


Hoy es 2 de Noviembre, Día de los muertos. Aquí unas fotos de la ofrenda que le hicimos en mi casa a mi mamá y a todos nuestros muertitos. Y también para todos los muertos en general.

OFRENDA A MIS MUERTOS 
Y A MI QUERIDA MAMÁ QUE RECIÉN FALLECIÓ






LO QUE LE GUSTABA DESAYUNAR A MI MAMÁ

Un huevo estrellado, sopitas con tomate, un poco de frijol y encimas nopalitos. 
Todo esto acompañado con un café.
Estos son el plato y la taza en los que ella consumía su desayuno


jueves, 1 de noviembre de 2012

ARTÍCULO DEL PERIÓDICO LA JORNADA, QUE YO LE DEDICO A MI MAMÁ Y A TODOS MIS MUERTITOS.



Navegaciones
Huesos, alma, recuerdo
Pedro Miguel



Quedan tus huesos. Déjame guardarlos con amor, que en ellos se sedimenta tu historia desde que estabas en el vientre de tu madre hasta que terminaste de ser: se hicieron flexibles cuando naciste; crecieron y aprendieron a caminar contigo; fueron tu mobiliario y tu defensa; se empaparon de amor cuando tú amabas; se desplegaron con tu orgullo; te dolieron en las noches de frío y desamparo. Con qué velocidad corrían tus fémures, tus peronés y tus tibias. Con cuánta calidez abrazaban tus húmeros, tus cúbitos y tus radios. Qué locuaces eran tus maxilares. Cuánto cuidado ponía tu cráneo para proteger tu pensamiento. Cuánta evolución y cuánta ternura en tus falanges y tus metacarpos. Qué velocidad la de tus astrágalos, tus cuneiformes y tus falanges proximales. Qué gráciles tus vértebras desde las cervicales hasta el coxis. Cuánta solidez suspendida en los huesos de tu tórax.
Permíteme poner en esos huesos que anduvieron contigo un poco del querer que te guardo. Me fueron próximos mientras vivías. No los vi ni los toqué, pero sentí muy de cerca su fuerza, su abatimiento y su alegría, su suavidad y su dureza. Han ido saliendo a la luz de un tiempo acá, mientras la muerte te despoja del resto. Los has ido pariendo en el trabajo lento de tu propia demolición en el fondo de la tumba, del osario o del imaginario: a fin de cuentas pueden haber pertenecido a cualquier persona y no tiene importancia que sean propios o ajenos o mezclados, que estén completos o incompletos, que sean sólo un pequeño fragmento renegrido por el tiempo, una figuración de Posada o de Vesalius o del anónimo escultor azteca que colocó tu cráneo en el ombligo de Coatlicue.
No es tampoco relevante la distancia que la cultura ha ido poniendo entre los huesos de los que ya partieron y los que aún seguimos de este lado: qué importa ya que hayamos perdido la costumbre de ungirlos con aceites aromáticos o sacarlos al sol en los días de agosto, o la de construir el espejismo de la integridad corporal sustituyendo las coyunturas blandas con cintas de terciopelo; de todos modos, tus huesos son el cimiento bajo mis pies, las marcas de la ruta náutica que vigilan y reposan en el fondo del mar, la evocación de las fotos y las ilustraciones o la inspiración que respiro en el aire como una presencia molecular, tenue y sin nombre, pero de todos modos amorosa.
No veo en tus huesos reliquias o fetiches porque no conservan tu gracia ni tu risa ni tu enojo ni tu llanto. No son tu esencia, pero sí tu almendra. No son el alma.
Tu alma es la totalidad de los recuerdos y las imágenes que fuiste dejando en la conciencia de quienes no han emprendido aún el viaje hacia la nada: esas palabras tuyas que siguen resonando en la memoria de los tuyos; tu apretón de manos todavía presente en las manos de tus vivos; tu caricia recordada por su piel; tus manos en el torno; tus pies sobre la duela; tu regalo, tu consejo, tu reclamo, tu elogio, tu mirada silente, tu escucha ciega, tu tacto mudo, tu gusto sordo, tu olfato huérfano.
Los huesos van muriendo despacio hasta volverse polvo derrumbado en sí mismo; el alma habrá de disolverse conforme la vida de tu gente avanza hacia el futuro. Unos y otra, por lo pronto, están aquí, presentes, en la gloria del afecto y en la pena del recuerdo ingrato. Unos y otra se irán poco a poco y el nombre y el rostro que los une en nosotros se borrará hasta fusionarse en la noción incierta de los millones que nos precedieron y que hicieron posible nuestra existencia: descubridores del fuego, inventores de la rueda, pioneras de la alfarería, sacerdotisas y alquimistas, creadores de la épica y la lírica, comadronas de los rayos equis, domesticadores de la electricidad, abuelos transmisores de genes, madres del consuelo, padres de la aspirina, muertos todos, dadores de vida.
Por hoy, tu alma y tus huesos están presentes y para ellos es la ofrenda de estos días en que el frío del invierno empieza a aterrizar sobre los pueblos.
Te ofrezco dulce de calabaza para la amargura de tu no estar. Enciendo la luz suave de las veladoras para no lastimar el vacío de tus órbitas oculares; quemo incienso y copal que evoquen con sus humos una epidermis hermana para la piel de tu alma; sobre la mesa que he dispuesto para ti pongo cartas antiguas y jamás abiertas para que recuerdes el abecedario; te sirvo pan y tamales para el hambre que tuviste; te doy agua para la aridez exasperante de la tumba; aproximo una silla vacía para imaginarte en ella; expongo tu retrato vivo para instalar en mí la ilusión de tu mirada; te brindo licor para tus penas difuntas; decoro la casa con cempasúchiles frescos para que encarne en sus pétalos tu corazón perdido.
Esto no tiene nada que ver con el Diablo o con Dios, con paraísos o con infiernos, con espantos y aparecidos; es un impulso para descifrarme y descifrarte en lo que queda de tus huesos, en lo que te queda de alma, en lo que permanece de ambas cosas. Es lo más parecido a un encuentro, con su parte de fiesta y su parte de tristeza, en este mundo, porque no hay otro, entre alguien que es y alguien que fue y de quien no resta, sino huesos o cenizas y un alma menguante.
Tú deshabitas en el aire, en mi cabeza o en la tierra inaccesible debajo de una lápida, pero en estos días te has hecho presente con algo indefinible. Estás tan cerca como para hablarte, para tocarte casi, y poner ante ti una pizca de existencia. No están tu gracia ni tu risa ni tu enojo ni tu llanto. No está tu esencia, pero sí tu almendra. Déjame comulgar con tu alma y con tus huesos. Déjame distraerte de tu muerte por un instante con la vida que brota desde el abismo elemental y ciego del amor entrañable.
Twitter: Navegaciones 

domingo, 30 de septiembre de 2012

PERDONEN MI DESCUIDO


El texto que escribí sobre mi abuelita Lucrecia, lo escribí directo en el blog; así que perdonen mis descuidos; de repente sentí muchas ganas de platicarles cosas de mi abuelita y no me contuve. Pero de todas formas creo que no estaba tan mal.  

Un abrazo, de Claudia.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Un texto sobre mi abuelita Lucrecia Trujillo. Lo escribió una prima que no es escritora, pero a mi gustó mucho de todos modos. Ojalá les guste.



FOTOS de algunos de mis primos Quiñónez, de cuando eran niños.
En la foto de arriba la niña peinándose es Anita.



MI ABUELITA LUCRECIA


MIS  RECUERDOS



En ella están los mejores recuerdos de mi niñez, en esa casa, en esos árboles frutales; en las tardes jugando bajo el árbol de mango, rayando la pared que daba al patio; pisando descalza ese pasillo lleno de piedritas y hasta vidrios; ¡cuántas veces lo pasé así y nunca me corté!;  y sabiéndome querida, amada, protegida por un amor muy especial: Grande, fuerte, profundo, que llenaba el ambiente: El amor de mi abuelita; sus comidas tan únicas; afortunada me siento porque disfruté de ese amor, que fue tan determinante en mi educación.

Físicamente la sentía menudita, sencilla, humilde en trato social, discreta en su aspecto, pero un gigante de fortaleza, de astucia: Inteligente como ella sola; perceptiva, sobre protectora con sus hijos, en especial con mi tío Juanito – Era su vida; era su debilidad.

Con reglas muy marcadas en el orden de la cocina y aseo de su casa; en la sartén del frijol sólo se cocinaba frijol; en equis olla, sólo caldos; en el cacito del agua, agua; no se revolvían los estropajos de las sartenes con los de los vasos, y menos con los de limpiar; era difícil violar estas reglas; parecía que tenía ojos en todas partes, y un oído no humano; ya que a veces pensábamos que estaba dormida y queríamos tomar cualquier vaso, o algo así, y de repente se oía su voz: “Anita, lava ese vaso con el estropajo rojo”, o azul, el color en turno; o: “Anitaaa, ya te vi. Ese vaso no es tuyo” ¡Dios! ¡Qué tenia! ¡Qué don tenía para saber todo de todo! Había escobas para diferentes cosas, y trapeadores igual; no se valía sentarnos en las camas, ¡se deformaban!; la silla de vaqueta era su silla; le gustaba cantar, ir al mercado y escoger lo mejor; me tocó la fortuna de acompañarla varias veces; en aquel entonces no me gustaba; no soportaba el olor del mercado y me desesperaba la paciencia de ella para escoger lo mejor de lo mejor; y para esto recorríamos muchos puestos.

No le gustaba que le dijeran abuela. Una vez Sergio mi primo le dijo abuela; tenía como 6 o 7 años; y ella le dijo: “No me vuelvas a decir así”; y entonces él le dijo de nuevo: “¡Abuela!”, y salió corriendo al patio; y entonces mi abuelita le gritó: “¡Ora veras, travieso, te voy a lavar la boca con jabón!”; pensábamos que allí  había quedado todo, y como a la hora que regresó el ejército de primos a comer, tomó a Sergio de la mano y lo llevó al lava trastes, y le dijo: “A ver, pídame perdón”; ¡qué susto!; toda la primada estábamos anonadados con la tierna abuelita; ¿iba a hacer eso?; claro que no lo hizo; mi primo, sabiamente, por su propia seguridad, pidió disculpas; y ¡uf!, todos volvimos a retomar nuestro apetito y a comer en aquella mesa que tenía tantos recuerdos para mi; ¡qué felices éramos, allí, en casa de la abuelita! Jamás le pegó a nadie; sufría con los regaños de nuestros papás hacia nosotros. Otra vez el mismo Sergio gritó la palabra “menso” a alguien; entonces ya no era jabón; agarró unos cerrillos y dijo: “ ¡Ora veras. Te voy a quemar la lengua!”; no, no, no, ese primo Sergio nos tenía nerviosos a toda la infantada Quiñónez; entramos en shock: ¡Al Sergio le quemarían la lengua! Gracias a Dios no existían los celulares, y el teléfono era algo prohibido; si no, me imagino la de llamadas de auxilio a nuestros papás; pero el primo rebelde siempre sentaba cabeza y la abuelita terminaba dándole un beso en la frente. Recuerdo la vez que ella le dijo: “¡Qué bonito eres, Sergio! Te pareces a Alberto Vásquez”; e inmediatamente dijo él: “No, yo soy feo” “Pero nada de eso, Sergio, tú eres guapo”, responde mi abuelita; pero el chico rebelde recalcó: “Yo soy feo, porque mi papá dice que soy feo, ¡y quiero ser feo!”; ¡Uf, qué maravillosos días!



Canción dedicada a ABEJITA




Para que quero - sephardic song;

 Anna Jagielska-Riveiro & MAAYAN



VIDEO


ENLACE PARA ESCUCHAR LA CANCIÓN 

EN ESTA DIRECCIÓN:


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Lucrecia Trujillo Lizárraga, mi abuela




Esta foto es de mi abuelita Lucrecia Trujillo Lizárraga; de todos mis abuelos es a la que más traté. Ella murió hace como diez años, pero era el centro de la familia. Fue una persona muy inteligente y ¡la más linda abuelita!. Todos los que la conocían, lo primero que decían al hablar con ella, eran estas palabras: "¡Qué inteligente es tu abuelita!"

Mi abuelita nació en la Ciénega, un rancho del municipio de Cosalá; pero después pasó a vivir a la Higuera Larga, otro rancho de Cosalá. 
Mi abuelita muy niña quedó huérfana de padre y madre, y después de haber vívido con mis tatarabuelitos Francisco Trujillo y mi tatarabuelita Julia, "Mamá Julia", allá en Cosalá, se la trajeron a vivir mis tías bisabuelas, Julita y Panchita Trujillo, a Culiacán. Entonces tendría como 8 años. Se la trajeron a vivir al mero centro de Culiacán; pues vivió en la casa de mis tías bisabuelas, que estaba ubicada en la calle Rubí, entre Colón y Madero. O sea, en el mero centro de Culiacán. Mis tías bisabuelitas le dieron la mejor educación que entonces se podía dar a un mujer; y pues estoy hablando de hace casi 100 años. Pues mi abuela llegó a ser algo así como secretaria y especialista en contabilidad.

Pero mis tías bisabuelas también eran bastantes estrictas con mi abuelita; le celaban en exceso que tuviera novio. Pero si hay algo que me gusta mucho de ellas, es que le enseñaron a mi abuelita un valor muy importante: El valor de la hospitalidad. Pues mis tías bisabuelas Trujillo y mi abuelita Lucrecia siempre ayudaron a cuanto pariente estuvo necesitado; fueron un montonal a los que le dieron cobijo en sus respectivas casas. Yo siempre he creído que gran parte de la forma de ver el mundo de mi familia actual, se debe a la forma de ver el mundo de la familia Trujillo. Aunque por parte de la familia Quiñónez también se practicaba mucho la solidaridad con los parientes. Y bueno, además, cuando mi abuelita se casó con mi abuelito Juan Quiñónez Figueroa, pasó  ella a vivir precisamente enfrente de la casa de mis tías bisabuelas Trujillo. Ellas eran dos señoras que vivían al estilo de rancho; todos mis primos recuerdan que tenían un montón de gatos, y muchos árboles frutales; y yo las recuerdo también como señoras de rancho.

Lo cierto es que la casa de mis tías bisabuelas, Francisca y Julita, era el centro de todos los Trujillo de Cosalá. En esa casa vivieron muchos primos y sobrinos de mi abuelita. El más querido por nosotros fue mi tío Samuel Trujillo Campos, que hace poco murió. Y lo digo porque mi tío Samuel amaba a mi papá y  siempre lo protegía. Creo que mi tío Samuel sentía mucho orgullo de sus primos Quiñónez Trujillo.

Pero en realidad los Trujillo salieron huyendo de Cosalá, cuando llegaron los Colorados, en la época de la revolución mexicana. Y sé que les quitaron muchas tierras después; porque mi familia no es que fuera rica, sino que era de lecheros y tenía ganado, y pues muchas tierras. Después esas tierras de la familia en Cosalá valdrían mucho; pues porque tenían (o tienen) muchos cedros.

Mi abuelita era nieta, por los Trujillo, de mi tatarabuelito Francisco Trujillo; del que sabemos que tuvo un hermano: Maximino Trujillo; y de quienes también sabemos que eran de origen judío; según decía mi tía bisuabuela Lupe Trujillo. (Esta tía se fue a vivir a los Estados Unidos, y allá dejó descendencia) Pero a mi abuelita Lucrecia no le gustaba mucho eso del origen judío; porque ella creía que los judíos habían sido muy malos con Cristo. Estas cosas de la educación de entonces.

Y pues de su familia materna, los Lizárraga, sólo sé que mi bisabuela se llamaba Josefa Lizárraga.  Y que ella quedó viuda pronto de mi bisabuelito, el papá de mi abuelita Lucrecia, al que sé que le decían: "El prieto"; porque mientras que todos mis tíos bisabuelos Trujillo eran pelirrojos, él tenía el pelo negro. Mi bisabuelito murió trágicamente; pero eso no lo voy a contar porque me da pena; sólo les diré que murió por mujeriego. ¡Ah!, y para variar, también se llamaba Guadalupe.

De los Lizárraga recuerdo con gran alegría a dos de mis tías abuelas: a mi tia Marcela y a mi tía Esperanza -- para mi abuela ellas siempre fueron: "Las muchachas", aunque se caían de rucas, je-- . Eran bien bonitas personas y bien guapas. 

También recuerdo a un primo de mi papá que se llevaba buscando parientes Lizárraga: A mi tío Miguelito; quien también ya murió. Era bien chistoso. Un día le contó a mi papá su "estrategia"  con las mujeres. "Mira, Juan", le dijo, "de diez a las que les 'digo' por lo menos una cae"

Bueno, pues resulta que mi bisabuelita Josefa también se murió y se quedó totalmente huerfana mi abuelita. Y pronto se la llevaron a vivir con ellos mis tatarabuelitos Francisco Trujillo y Mamá Julia. Pero mi abuelita para entonces ya tenía medios hermanos; por su mamá: mi tío Benito Barrón Lizárraga y su hermana Paulita (Quien -me cuenta mi papá- ¡se sabía más de 100 cuentos!! y se los contaba a él) Estos dos hermanitos de mi abuelita eran dos morenitos muy guapos.

El otro era hijo de mi bisabuelo, el papá de abuelita. Y sé que lo tuvo con una prima de él: pues esa mujer era también  una Trujillo. Este fue el medio hermano de mi abuelita, o  mi tío Lupe Trujillo. Y también fue un niño muy chistoso. Mi abuelita Lucrecia me platicó un día que mi tío Lupe, su hermano, era bien travieso y que por las loqueras que decía,  de juego le decían en la casa de mis tatarabuelitos: 'Lupe el tonto'. Es que le decían mis tatarabuelitos, en las noches, antes de acostarse: "Lupe, quítate los zapatos" Y mi tío Lupe, que entonces tendría unos 7 años, les contestaba: "Mmm, para que me los quito, si mañana me los tengo que volver a poner"  Pues todo esto ocurría allá por los años veintes del siglo pasado, en un rancho de Cosalá.
.
Ya después, de muchacha veinteañera, mi abuela llegó a ser gerente de un hotel. Y creo que todavía queda el cascarón de ese hotel enfrente del ISIC o de Difocur, en el centro de Culiacán.

¡Ah!, pues mi abuelito Juan se enamoró perdidamente de mi abuelita Lucrecia cuando la conoció: pues ella parecía artista de cine - según me contó mi tía Chela Lizárraga; aunque no me hagan mucha caso a mí, porque yo suelo echarle mucha cremas a mis tacos, ja, ja - y ellos tuvieron una loca historia de amor -Pero es verdad que mi tía Marcela me decía eso; eso de que mi abuela parecía artista de cine.

Pero todos en la familia cuentan que mi abuelito Juan admiraba mucho la gran inteligencia de mi abuelita. Juntos, mi abuelo y mi abuela, levantaron la zapatería Quiñónez -que por algunos años llegó a ser la más grande de Culiacán-; pues aunque mi abuelito era muy trabajador, y muy bueno para llevar a cabo negocios, no cabe duda la gran fortaleza que le dio mi abuela. 

Pero también a mi abuelito Juan lo describen algunas ancianitas actuales - pues algo así como con mucho humor -- como "un perro bichi (desnudo)", pues era tremendamente mujeriego. Porque tal parece que le tiró el can a muchas de ellas cuando eran jovencitas. Y pues al final mi abuelita sí sufrió bastante con él.

¡Ah!, pero mi abuelita dominaba a todos sus nietos solapadamente; era bien astuta. Todos le preguntábamos: "Abuelita, ¿quién es tu nieto o nieta preferido?" Y a todos nos decía: "Tú". 

Pues mi abuelita Lucrecia y mi abuelito Juan tuvieron 4 hijos hermosos: Un hombre y tres mujeres. Todos fueron bien bonitos de jóvenes. Y creo que aún se les ve la belleza de viejos.

Además, mis abuelitos Juan y Lucrecia  tuvieron 13 nietos; ahora sólo vivimos 12; y actualmente hay 19 bisnietos de ellos; todos unos niños y jovencitos bien guapos y guapas. 


Claudia Isabel Quiñónez Gámez

martes, 25 de septiembre de 2012

viernes, 7 de septiembre de 2012

LA MONA LISA



Esta fotito me la tomaron ayer en mi casa
Cuando la vio mi hermano, dijo: "¡La Mona Lisa!"


martes, 4 de septiembre de 2012

Poema nuevo, de septiembre. Del libro ANGELICUS: VIAJE AL CENTRO DEL ALMA



ESTANCIAS



I

Extiendes la tela con mi nombre
sobre tu mesa-corazón

Debajo de la mesa late un cántaro

colmado de dulce fuego

¿Será de la sangre con que nos hemos fundido?



II

Vas a preparar la lana blanca, ángel mío

Para que el dolor no mulla el canto


de la tela en donde quedarán pintados
nuestros nombres



III

Conserva la tela la tintura;
la brillantez de una preparación conveniente

Las alas de los ángeles
atrapan las palabras del viento

y las vuelven palomas



IV

No tengo empacho del blanco
No tengo empacho del rojo


V

También con palabras llenó el cordero
el corazón de los hombres



VI

Las palomas rojas son besos
sobre una carta

Abren sus alas para besar el pensamiento
con su manto púrpura



VII

Con este manto rojiblanco
estamos desnudas

Porque nos cubre la nieve de la palabra
y la sangre de la tinta



VIII

Aun así oiremos la música de la piel

En el sexto sentido de los ángeles
confluyen los otros sentidos

Mancas, nos sobrará tela como piel

para podar a nuestros otros corderos




(Del libro en proceso de escritura:
Angelicus
Viaje al centro del alma)

Claudia Isabel Quiñónez
4 de septiembre del 2012
Culiacán, Sinaloa.



viernes, 10 de agosto de 2012

YA ESTÁS CON DIOS, GUAPO

HIRAM HEREDIA

Se echó un clavado en el río Tamazula y apareció muerto. Mi amiga Selene dice que no esté triste por él. Dice que murió feliz, pues ¡se echó un clavado antes de morir! Según la Selene esa es una forma hermosa de morir.

Hiram era un alumno sobresaliente de la Escuela de Filosofía y Letras de la UAS. Estuvimos juntos en el taller que impartió la doctora Dina Grijalva, pues sobre minirelatos. De hecho él escribió varios minirelatos que le fueron publicados en revistas de la localidad
.
Recuerdo que desde el principio me ofreció un sonrisa y sentí la buena vibra de su corazón.Yo le digo a la Selene que me duele mucho su muerte; y que me hubiera  gustado que él hubiera sido el gran amigo de mi vida.

Le presumo  también a la Selene algo así como que: ¡Ese muchacho tan especial debió haber visto algo muy bonito en mí! Pues como sentí que yo le caía tan bien. Y me responde la Selene que a Hiram le agradaba todo el mundo. Y sí es cierto, Hiram era muy sociable; tenía la tendencia a ver lo bueno y bonito de todas las personas.

Bueno, guapo, espero que seas como un angelito que siempre nos esté acompañando. Te vamos a extrañar todos: tus amigos y compañeros; tus maestros y tu familia.

Y pues también espero: ¡Que te diviertas mucho en las parrandas de allá del cielo! ¡Como ya está allá también Chavela Vargas! ¡Espero que se diviertan juntos!.

 ¡Hasta luego, muchacho soñador!


De tu amiga Claudia Isabel Quiñónez.

10 de agosto de 2012
Culiacán, Sinaloa

jueves, 9 de agosto de 2012

Un poema del libro, en proceso de escritura, ANGELICUS: VIAJE AL CENTRO DEL ALMA



LA ALMEJA


Pocos saben de la verdadera vida de las almejas

Suelen solazarse con ellas
como viejos barcos hundidos
o encallados en la tibia arena del mar
                            
Las levantan de allí
como marionetas las manos de los hombres

que asombrados por sus figuras convexas y de platillos
y  lo majestuoso de sus estampados

creen así un poco poseer en las palmas
-y quizá en las cubiertas de sus corazones

la maravillosa bella forma oblonga
y futurista
de estas fascinantes criaturas que habitan el fondo del mar

Pero al situarlas en la plenitud de las palmas
y de los ojos
ignoran que en el interior de las conchas
se desarrolla toda una vida de glamour y soledad

Que el extenso vientre flojo de la almeja
es un portentoso misil de pensamientos rocambolescos
y de sensibles artificios metafóricos y esqueléticos
que únicamente sirven para afiligranar la acicalada
alfombra marina

Ignoran también
que en la guarida acuosa del molusco
se esconde un ser asustadizo 
amedrentado y  lleno de rabia

Temeroso del pez de las espadas
del tenebroso lobo del mar
y de las ninfas filicidas que habitan siniestras y oscuras                  
la cavidad oceánica



( Del libro en proceso de escritura:
         Angelicus
Viaje al centro del alma )

Claudia Isabel Quiñónez
Agosto del 2012
Culiacán, Sinaloa

lunes, 6 de agosto de 2012

jueves, 26 de julio de 2012

miércoles, 25 de julio de 2012

martes, 24 de julio de 2012

LOS RUCOS EN CANCÚN

MI MAMÁ Y MI PAPÁ AYER EN CANCÚN.
ME DEJARON SOLITA.

viernes, 20 de julio de 2012

Yaiza martínez leyendo poemas de su libro Caoscopia

En esta dirección, en youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=sYfhbz3PBVg

jueves, 19 de julio de 2012

Foto de la poeta española Yaiza Martínez. En la entrada anterior pueden leer una reseña y dos poemas de nuevo libro Caoscopia.


Poeta y narradora, Yaiza Martínez es Licenciada en Filología Hispánica (UCM). Libros de poesía: Rumia Lilith (2001), El hogar de los animales Ada (Editorial Devenir, 2007) y Agua (Ediciones Idea, 2008). Es también autora de la novela Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008). Poemas suyos han aparecido en diversas publicaciones como El signo del gorrión, Vera, Los noveles o ABC Cultural. Ha traducido El Señor de Ballantrae de R. L. Stevenson (2005) para la editorial Marenostrum. Ha ejercido la crítica literaria en la revista Reseña. En la actualidad es traductora y redactora-jefe de la revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21

Reseña de “CAOSCOPIA” de Yaiza Martinez, por Mar Benegas. Y dos poema de Caoscopia



Caoscopia 
Yaiza Martínez 

ISBN: 978-84-15398-48-6
Colección ONCE de Amargord Ediciones
Por Mar Benegas

El ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje, El Ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje, El ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje. Estas son las partes de Caoscopia, reiterativas y rítmicas, podríamos llegar a la certeza de que estas partes se conforman como un insistente goteo,  antes incluso de que la poeta nos explique, al final del libro, de dónde viene el término “caoscopia” y la luz que ofrece esta fórmula para ordenar el aparente caos.

Con esta curva semántica  vuelve, de nuevo, la poeta a su inmersión arquetípica en el lenguaje. Un escalón nuevo  que inició con su anterior libro, Siete los perros del cielo, en un descenso a las raíces mismas de su cosmología: el lenguaje como organismo vivo y vivificante que atesora todos los símbolos de la consciencia.

No es posible leer Caoscopia desde la razón, tendrá el lector que olvidarse de mantener una relación vertical con el texto, de una lectura lineal en la que prime la fórmula de ordenación natural entre las letras y su interpretación, y dejarse llevar por la simbología matricial del ritmo interno del libro.

Un tam-tam, un gota a gota, un canto, una repetición… lo circular que tiende al infinito, de la misma manera que la disposición de los diferentes capítulos del libro. También el resultado de esta  búsqueda que se inicia en el primer poema, y en cualquier intento de acercarse al caos, para darle un orden geométrico: una imagen que lo atrape. Encontramos el ocho tumbado, el número indecible en varios poemas del libro:

La pronunciación se dispara, luego dijo: es un orden en el Caos desnudo, esto es el número indecible… Y se mesa, se mece, y vuelta al canto.

Canto que bascula entre el Eros y el Tánatos, lo que se aferra y lo que se desprende, la tierra y el cielo, pues la poeta dispone las palabras  y las deja caer. Da nombre sin olvidar el núcleo, la raíz: todo lo que nace muere, y todo lo que vive ama:

De esta forma, lo inerte -por el amor dispuesto en el lenguaje- cobra sustancia arcana y respira.

Los que conozcan el anterior libro de la poeta, Siete los perros del cielo, verán que, conocedora de esta realidad, también la voz poética vuelve, se aferra y se desprende. De nuevo estamos ante un poemario fractal, donde cada cita u anotación (el libro está lleno de ellas) lo hace crecer en su circular geometría.

Caoscopia es la consciencia de la inconsciencia, en él afloran y se imprimen en cada imagen, en cada verso, atravesado por las Matrioskas, las diosas hindúes, los mitos, los héroes, afloran, como decía,  los  arquetipos colectivos que subyacen tras el lenguaje como herramienta de búsqueda y crecimiento.

La individuación que trasciende lo personal y se posa en el pasado y en lo colectivo, el camino crece como un gota a gota constante, desde ahí, sabemos que es imposible tejer un futuro más amable sin tomar conciencia de lo que es el lenguaje, de nuestro pasado, del otro. Igual que la curva suave que forma el caos de un grifo mal cerrado, habremos de nombrar y cantar los arcanos de nuestra oscuridad para hacer sonar un nuevo mantra: de las antepasadas cultiva el menstruo/ en el surco de los cantos/ ¡venas, ven, venid!



Dos poemas de Caoscopia

YAIZA MARTÍNEZ



en muchas direcciones, corazón, amo

– no me culpes por no llevarte a pastar por donde no pude:

veo la sombra aún respiro abajo lo presente sólo fue una opción
larvada (25). Lo demás,


no lo conocí



(25) Todo está por fuera pero se entiende en el cogollo orgánico, cuando la vida
cuece: las formas devienen siempre en la era del frío. Entretanto, en los
bordes se deposita todo lo posible, y por el deseo cristaliza lo no más verdadero
estable (26).

(26) Pirita, estambre, espuma… hasta el ocho tumbado – el resto de las
cosas, sombra inexistente, hace de
igual forma este camino. Atiende: abre las venas de los mundos (27)

(27) Puebla los pantanos de tifáceas transparentes




ayer vino la luz,
flota en el pentagrama del árbol
con cinco lenguas ocultas por la labor
avariciosa

el texto del mundo
reza (61)


será llano el camino


(61) Escucha la música y sostiene entre los brazos acequias circulares, brillantes,
de ojos infantiles. Desde el dirigible, percibe la orografía sonora:
todo parece liso, las dificultades se erizan como simples manchas. Pies de
barro, tobillos alados, naturaleza arbórea: con peana en la tierra, no aleja la
luz (62)

(62) Bajo ella, las formas reiteradas son posibilidad y mandamiento. La alfombra
de la realidad (63) que tanto ensancha como condena: fila de dientes
para alimentación, butacas para asistencia, muros escritos hasta el ocho
tumbado, con idénticos versos triangulares

(63) Vertamos en el interior lo que no existe transparente,
para amar a fondo lo poseído

De: Caoscopia, Ediciones Amargord, Colección Once, 2012.

miércoles, 18 de julio de 2012

jueves, 12 de julio de 2012

UN ENSAYO VIEJO; DE CUANDO ESTUDIABA LETRAS HISPÁNICAS



LAS NALGAS

A mi prima Marticha

Es cosa muy sabida desde la época de nuestras abuelas que los hombres hacen todo por un par de nalgas. Me es difícil pensar que las mujeres no hacemos lo mismo, a pesar de no llamar a los varones par de nalgas. Lo que me llama la atención es el dicho ese distintivo y enfatizador de nosotras como par de nalgas. Pues no he conocido hasta ahora algún hombre (o mujer) o fenómeno de la especie que tenga una sola nalga.
Independientemente de si existen o no ‘nalgoclopes’ en el mundo, las nalgas son lindas, bellas y graciosas. Varían en figura y en modo de presentación. Son grandes, nalgonas, paradas, celulíticas y cuasi nalgas. Son limpias, sucias y también enfermas.
Las nalgas distinguen a los pueblos. Los puertorriqueños son de nalga grande, mas la cuasi nalga identifica a los defeños de nuestro país.
Las nalgas de aquellos son motivo de risa, lujuria o atracción; las de estos algunas veces nos parecen feas por planas, pero también chistosas y simpáticas; como asemejándose a nalgas charras.
Las nalgas, a su vez, nos singularizan y nos dan carácter, pues si son paradas somos orgullosos, coquetos e irreverentes. Si celulíticas o grasosas, las ocultamos por desagradables, pues son nalgas acomplejadas.
Las nalgas llevadas con higiene son cómodas, y, sobretodo, porque ellas son como nuestro rostro, hay que traerlas siempre presentables. Las sucias son incómodas y reprobables.
Las nalgas enfermas, como las de los irritados del colon, son compungidas, asquerosas y motivo de muchas bromas. Las nalgas en general modulan el acento y tono de nuestros gases.
Las nalgas son el sostén ideal del cuerpo cuando estamos sentados, y son recurso sin estilo pero sabio cuando caemos; todos preferimos “caer de nalgas” a golpearnos, por ejemplo, la cabeza.
A las nalgas se les llama según la clase social: “las nachas” por los del pueblo y “los glúteos” por los de la elite.
Las nachas, nombre popular de las nalgas, nos trae al imaginario nuestra doble ascendencia; la Nacha española y la Nacha indígena. Si recordamos a nuestras madres y abuelas mexicanas no hace mucho eran llamadas Nachas, Cirilas, Anselmas. Hoy por la globalización, la falta de identidad y el complejo de inferioridad, las mujeres mexicanas nos llamamos Lizbeth, Samantha, Berenice.
Asimismo, podemos decir que las nalgas de los beisbolistas son muy sexies, masculinas y atractivas (aunque en muchos casos no sean sino colchoncitos, dizque para aminorar los golpes de las caídas); que Horacio trae una en el espacio, y que el acto que debería ser el más hermoso para el humano, suele ser reprendido injuriosamente con “ya dio las nalgas”
Las nalgas cobijan la salida del túnel de nuestro excremento, y dan pie, incluso, para el humor en la literatura. Un ejemplo en el Medievo de ello, es El Corbacho. Al contarnos Talavera las peripecias que tienen los coléricos al amar o ser amados, da múltiples ejemplos satíricos de los enredos en que se meten éstos cuando están arrebatados de pasión por una insensata mujer, que se rasca… Escribe ahí Talavera*:

Cuando le vee tomar armas e salir de casa, coza ella a dar gritos e vozes, diziendo cuytada, mezquina, corneja triste, desventurada, venid acá, non vades allá; e ella non vee la hora de oyr dar a la otra gritos e vozes de cómo da en ella o él cuchilladas, palos e coces. Empero de la otra parte sale luego su marido o su pariente de la otra mujer, e fe el roydo en la mano, o él mata o le matan, el él fiere  o le fieren, que todo es dapno, así dar como rescebir. E cuando entra ferido por casa o ha ferido, ráscase la bendita de la promovedora dello las nalgas…”*

Y dentro de la literatura latinoamericana contemporánea, en el cuento La Carne de Virgilio Piñera, nos es narrado que ante la falta de carne que sufrió Cuba, el pueblo se volvió vegetariano… “Sólo que el señor Ansaldo no siguió la orden general. Con gran tranquilidad se puso a afilar un enorme cuchillo de cocina, y, acto seguido, bajándose los pantalones hasta la rodilla, cortó de su nalga izquierda un hermoso filete”*
Mas las nalgas para nosotros son lo más respetable, por eso nos enojamos cuando nos ofenden con tus nalgas. ¡Ay, nalgas, nalgas, nalgas!, sostén acolchonado de descanso, Atlante y pies del cuerpo en la comodidad.

*En cuanto Autor ficcionalizado, por supuesto.
* Arcipreste de Talavera. El Corbacho, Ed. Porrúa, México, 1993, pag. 94
* Virgilio Piñera, La Carne, en Antología de cuentos hispanoamericanos, CONAFE, México, 1999, pag. 60.


Claudia Isabel Quiñónez
Año 2001
Culiacán, Sinaloa