lunes, 19 de octubre de 2020

Recitando el poema nuevo.

 



Poema de octubre del 2020

 



EL GLOBO

 

Intriga

Sopla el viento

Junto al que viajo en este globo

Soy un enano de las fórmulas geométricas

Barrunto luz, adversidad

Traigo conmigo, sin embargo

el barómetro

el termómetro y el telescopio

Y todos los instrumentos de  la astronomía

Han venido conmigo

un gato

y dos palomas blancas

Mi familia me busca

Pero yo viajo con intención sin igual

a la luna

Mi globo es de colores

Como los colores de los cuerpos  de las mariposas

De turquesa el tejido

El color también de jade

Sopla el viento

Y yo muevo el timón de este cometa

Aunque me aleje

escucho  palpitar al volcán

Al corazón de las mujeres

En mi primera aventura

al salir de la atmósfera

me convertí en un enano

Desde entonces

mi globo ha descendido

destruido  varias veces

Pero yo no ceso de continuar la hazaña

Porque la luna me espera

 

 

Claudia Isabel Quiñónez

16 de Octubre del 2020

Culiacán, Sinaloa

 

 


sábado, 3 de octubre de 2020

OTRO CUENTO DE ESPANTOS

 



EL ÁRBOL SINIESTRO


Esta es la historia del árbol siniestro. La historia  de los que fuimos víctimas de las  extrañas y terribles circunstancias; yo era una niña cuando sucedieron las espantosas tragedias en torno a mi círculo familiar, y a este árbol; árbol al que bien podríamos nombrar como malévolo e infernal.

Era el año 2010, vivíamos nosotros en Coyoacán, una conocida delegación de la ciudad de México; mis padres se habían divorciado hacía pocos meses; y mi mamá y yo nos quedamos a vivir en nuestra antigua casa de Prados de Churubusco;  mi papá se fue a vivir con la familia de su nueva compañera; algunas veces yo me iba a casa de mi padre, pero la mayoría del tiempo me la pasaba en casa con Selene, la empleada doméstica de mi mamá; Selene era de un pueblo del Estado de Chiapas, y tenía una mirada mágica y mística del mundo; mi mamá decía que eran supercherías; pero Selene en realidad se daba cuenta de cosas  profundas y vitales, a diferencia de las demás personas; yo era una niña solitaria; me gustaba leer y no tenía amigos que tuvieran los mismos gustos que yo;  me encantaba escuchar lo que contaba Selene de su pueblo, y  establecí con ella una liga honda y espiritual. En la casa había, pues, un gran árbol de aguacates en el patio, y coincidió que cuando se divorciaron mis padres, el árbol empezó a dar frutas huecas y vacías; eso le llamó  la atención a Selene; y ella dijo que era “una extraña y rara coincidencia”; Selene solía prepararnos ensaladas con los aguacates de ese árbol; pero desde antes de que ocurriera el primer horrible suceso, ella decía que sentía un presencia maléfica en el árbol; y es que el árbol no era un árbol normal; era abundante en hojas y ramas; y cuando lo mirabas desde abajo, parecía que te iba a devorar; era tétrico; así, pues, eran las cosas en mi casa, y yo en realidad me sentí feliz de que se separaran mis padres, pues ellos se gritaban mucho y se aventaban objetos. Uno de los días que yo me quedé en casa, dejaron conmigo a Paco, hijo de una amiga de mi mamá; Paco era un niño abusivo y engreído, al que sólo le gustaba molestar; esa vez estábamos en el patio, él y yo junto al árbol, y me dio un latigazo con su resortera; me sentí tan furiosa y  tan enfadada con Paco, que grité: “¡Ay, cómo me gustaría que desaparecieras!”; ¡ojalá no hubiera dicho eso!, pues en ese momento sucedió que cayó del árbol una rama gruesa que se desgajó del árbol de aguacates, y le golpeó la cabeza a Paco; Paco quedó tirado en el suelo: “¡Selene, Selene!”, exclamé llamando a  nuestra trabajadora para pedirle socorro; Selene vino, y sin esperar a lo que dijeran los brigadistas de la Cruz Roja, afirmó: “Creo que está muerto”; y sí, la rama, el palo, le había dado un golpe muy fuerte en la cabeza a Paco; el funeral de Paco fue muy triste, y yo me sentí culpable de su muerte; pero no le conté a nadie  lo que yo había dicho momentos antes del misterioso accidente; tenía mucha vergüenza; pero la vida siguió;  los peritos revisaron el árbol y sugirieron que lo cortáramos; tiempo después creció en el mismo espacio una enredadera, una bugambilia morada; era muy hermosa, a mí me gustaba mucho; ejercía sobre mí una enorme atracción; entonces se me olvidó lo de Paco, y nadie se percató que debajo de la enredadera, creció oculto de nuevo el árbol infernal; un día trajeron a Rolando -mi hermanastro por parte de mi papá-, a jugar conmigo en la casa; Rolando era un niño muy inocente y gentil; yo me sentía muy  bien con él; a él también le gustaba  leer y jugábamos juegos fantásticos y fantasiosos; pero entonces ocurrió otro hecho siniestro con él árbol; mientras jugábamos, de pronto la enredadera de bugambilia atrapó con sus ramas a Rolando y se lo tragó: yo me asusté mucho, y  al darme cuenta de que perdía a Rolando, grité: “¡No, no, maldito árbol! ¡Maldito árbol!”; cuando llegó al patio Selene, yo estaba como loca; y cuando vinieron los demás, creyeron que alucinaba lo que contaba que le había hecho el árbol a Rolando; pero Rolando realmente había desaparecido; lo buscaron por las calles de la colonia, y en todo  la ciudad; después creyeron que alguien se lo había robado; pusieron desplegados en la prensa a nivel nacional para buscarlo, y a mí nadie me creyó  lo que contaba, y enfermé y me hospitalizaron; Rolando nunca apareció, y los médicos recomendaron, para mi fortuna, que no me llevaran más a mi casa;  dijeron que le temía a ese árbol por lo que había pasado con Paco; mi mamá rentó otra casa, y al tiempo se casó de nuevo, y vendió la casa del árbol de aguacates;  yo quedé desde entonces delicada y frágil, sin que nunca nadie me creyera lo que realmente había pasado con Rolando y el árbol siniestro de la antigua casa, de nuestro antiguo hogar; excepto Selene.

 

Claudia Isabel Quiñónez

3 de octubre del 2020

Culiacán, Sinaloa